Diferencia entre revisiones de «Juana de la Cruz»
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Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: | Ed. de [http://visionarias.es/equipo/maria-luengo-balbas/ María Luengo Balbás] y [http://visionarias.es/equipo/fructuoso-atencia/ Fructuoso Atencia Requena]; fecha de edición: abril de 2019; fecha de modificación: agosto de 2026. | ||
== Fuente == | == Fuente == | ||
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Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido. | Y hablando el Spíritu Sancto sin descubrir ni señalar quién hera, dezía: “Az lo que pudieres si tienes poder para ello; si me quieres conjurar, conjúrame, que yo te esperaré como espero al saçerdote en el altar”. Quando çesava el Spíritu Sancto de hablar, dezía cada uno la yntençión con que havía venido. | ||
Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna | Quando ella llamava al Señor, dava muy clamorosas he reçias vozes, haziendo muy devotas e humildes suplicaçiones [fol. 28v] e ruegos, para que llegase çerca donde ella estava. E de rato en ratos llamava muy apriesa, con el brazo derecho; e quando çesavan las vozes e llamamientos con el braço, quedava muy sosegada, e no solamente suplicava a Nuestro Señor Jesuchristo tuviese por bien de açercarse a ella, mas aun a los sagrados ángeles haçía muy grandes ruegos y plegarias, diziéndoles: “O, señores, vosotros que traéys el trono muy luçido e aseado de mi Señor; y vosotros, señores, los que traéys los ençensarios de oro e taças de perfumes delante el Rey del Çielo, e los que traéys las hachas ynçendidas y floridas; vosotros, señores, los que traéys los paramientos e las cortinas del pavellón de mi Señor y mi Dios; e vosotros, señores, los que tendéys los doseles muy ricos e paramentos de oro por el suelo, por donde pasa su Real Magestad; e vosotros, señores, los que venís en el ayre volando con los candeleros de oro e velas ençendidas sobre las caveças: suplico a mi Señor que venga por aquí su Divina Magestad. E vosotros, señores, que lleváys los pendones e guiáys las danças, guiad haçia acá, por donde yo estoy; no guiéys por esotras calles, que aquellos señores y señoras contino le ven, e muchas veçes le goçan, mas yo, peccadora, aún no soy digna de le ver y goçar sino muy poquito, y contino estoy ambrienta y deseosa d’Él”. Y después volvía su habla con los sanctos apóstoles e mártires, e confesores y vírgenes, e otros muchos sanctos e sanctas señalava algunas veçes por sus propios nombres, diziéndoles y suplicándoles rogasen al Rey del Çielo, su esposo y su [¿señor?], viniese por donde ella estava a la bendeçir y santiguar, como haçía a los otros señores e señoras. E después tornava su habla con Él, Nuestro Señor, suplicándole por muchas maneras de suplicaciones, e dulçes e amorosas palabras, diziendo la quisiese venir a bendeçir y consolar, aunque ella no hera dina de tan gran benefiçio, viniese su Alta Magestad, porque tenía muchas cosas que le offreçer e dezir y suplicar, ansí de oraçiones que a ella le havían dado le offreçiese e suplicaciones que le havían encomendado le hiçiese; e que tenía muchos padres, y madres y hermanos, y se los quería offreçer y dar. Y esto dezía ella por los frayles y monjas, hijas [fol. 29r] y hermanas suyas spirituales, e perlados mayores e menores, e señoras e amigas, e devotas que assí se lo havían mandado y encomendado, e por todas las personas que se encomendavan en sus oraçiones. | ||
E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. | E durávale hazer estas exclamaciones: primero que la graçia del Spíritu Sancto hablava en ella espaçio de hora y media, y pasado este yntervalo vía señales en su cuerpo cómo el Señor, por su clemençia, se açercava adonde ella estava, e tanto que, según acá se mostraba, le podía adorar e besar el estrado de sus sagrados pies, e ver goçar muy çerca. Y entonçes le haçía muchas suplicaçiones públicas, e otras secretas que nadie no las podía oýr, e grandes adoraçiones por sí mesma e por todas las personas de la Tierra, y se las encomendava en general, y algunos en especial, e todo el estado de la sancta Madre Yglesia e religión christiana, e a los que están en peccado mortal, e a las ánimas de Purgatorio. E algunas vezes permitía el poderoso Dios que en la propia bestidura de su Divina Magestad y en su estrado e trono real, viese ella todos los estados del mundo: primeramente el estado del Sancto Padre, e cardenales e obispos, con toda la clereçía e todas las órdenes, e las perfeçiones e ymperfeçiones dellas; e los emperadores e reyes, e todas las maneras de estados, de grandes e cavalleros que havía en los reynos e ymperios e toda la república, e los mereçimientos e desmereçimientos de cada unos. E vía cómo los ángeles se llegavan a las personas mansas e humildes, e castas e pobres, e despreçiadas e de perfetas obras, mas que no a los malos, e ynchados de riquezas e avariçia, e sobervia e simonía. | ||
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Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho. | Estavan todas las religiosas de su convento e otras muchas personas muy angustiadas por la neçessidad que tenían de su habla e consolaçión, porque no las oýa, aunque ellas le querían deçir y encomendar sus desseos y cosas tocantes a su consolaçión y conçiençia; por lo qual suplicavan mucho a Nuestro Señor le volviese el sentido del oýr. Y su Divina Magestad tuvo por bien de oýr las plegarias de todos, e tornole el oýr día de la señora sancta Clara. E híçolo desta manera: que estando ella elevada como solía, vido a Nuestro Señor Jesuchristo en spíritu, e la habló e consoló, e le dio el soplo del Spíritu Sancto, e hiço un sermón maravilloso, declarando muy grandes excelençias e maravillas. E hablando, dixo su Divina Magestad que quería dezir por qué la havía ensordeçido, aunque él no tenía neçessidad de dar quenta por qué haçía estas ni otras más cosas: pero que le havía quitado el oýr por tenella más quieta e junta a Él, e recoxidos sus sentidos e pensamientos en Él e no en otra cosa terrena, e tenerla en sancta y simple ynoçençia de niña, y en una puredad de spíritu sin ninguna maliçia, y que no oýa otra cosa sino cosas çélestiales. Mas pues hera tan importunada y rogada de muchas personas, que a Él le plaçía de la sanar. Y en çesando su Divina Magestad de hablar, antes que ella tornase en sus sentidos, vino a ella el apóstol San Pedro, por mandado del poderoso Dios, e metiole los dedos en los oýdos, e bendiciéndola con la señal de la sancta cruz de parte de Dios. Tornando ella en sus sentidos, a deshora se vido sana, e tornado el oýr tan perfetamente como de primero, de lo qual ella y todas las religiosas fueron muy alegres y dieron graçias a su Divina Magestad por la misericordia de ynclinar a su oreja las suplicaçiones que le havían hecho. | ||
Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en | Viernes Sancto siguiente, luego que esta bienabenturada ensordeció, estando ella [fol. 38v] elevada e puesta en cruz, assí en la elevaçión tenía tan fijos sus brazos y piernas, e todos sus miembros, como si no fuera de carne sino un crucifixo, de manera que ninguna fuerça bastava para la quitar de así, aunque se provó muchas vezes por las religiosas en otros días que la veýan muchas vezes estar elevada e puesta en cruz. Pero no estava en pie, sino hechada donde las religiosas la ponían. Y en este mesmo ora del Viernes Sancto, estando todas las religiosas en el choro, que hera por la mañana, quando se diçe el sancto offiçio, ella estava en una çelda ençerrada, porque assí hera la voluntad de Dios y de los prelados, que, quando estuviese en rapto, estuviese desta manera. Estando diziendo la sancta Passión, tornó en sí, e fuese al choro, e yba llorando y descalça. Y no pudiendo andar, ponía los pies de lado, que de otra manera no los podía poner, y aun esto con mucha pena. E viéndola las religiosas entrar en el choro, assí fueron a ella, e preguntáronla por señas por qué yba de aquella manera. Respondió que le dolían mucho los pies e no podía andar con ellos. E mirándoselos las religiosas, viéronselos señalados, y ansimesmo las manos, de las señales del Señor: no llagas abiertas ni manantes sangre, sino unas señales redondas, del tamaño de un real, e muy coloradas, de manera que pareçían por las palmas de las manos que estavan ympresas por la parte de ençima, e por semejante pareçía en las plantas de los pies. Tenía también estas preçiosas señales, e muy maravilloso olor, e no de ninguna manera de las flores de la tierra. E quexávase muy reçiamente, e llorava de los dolores que en las partes de las señales tenía. E viéndola las religiosas de aquella manera, llorando e con mucha devoçión, davan muchas graçias a Dios. E tomáronla en sus brazos, e lleváronla a su çelda y hecháronla. Hera tan grande el ardor e fuego que en las manos e pies tenía en el lugar do tenía las señales, que le ponían las religiosas unos pañeçitos de agua fría, y en muy breve espaçio se enjugavan del gran fuego que de allí salía. E muy a menudo le ponían los pañeçitos mojados y ella mesma se soplava las palmas de las [fol. 39r] manos, por mitigarse el gran fuego e dolor que sentía. E las religiosas le preguntavan qué hera aquello o quién le havía dado aquellas señales. Ella, entendiendo, les respondió con muchas lágrimas y dolores que sentía, diziendo: “Vi a Nuestro Señor Jesuchristo cruçificado en aquel lugar donde mi sancto ángel me suele poner, y assí, llagado y cruçificado como venía, se juntó conmigo, e puso sus manos junto con las mías, e sus pies con los míos; y así como esto hiço, sentí en mi spíritu gran dolor e sentimiento en mis manos e pies y, a deshora, me vi tornada acá en mis sentidos, con estas señales que véys, y con muchos dolores en ellas”. Y tan reçios que casi no los pudo sufrir; tuvo estas señales tan maravillosas y creçidos dolores dende el día del Viernes Sancto, hasta el día de la Sancta Asçençión. Y esto no contino, sino los viernes, y sábados y domingos, tres días arreo hasta la hora que fue la Sancta Resurreçión, y dende aquella ora hasta otro viernes no tenía más dolor ni señal. Viendo esta bienaventurada cómo no podía encubrir estas preçiosas señales que no fuesen vistas de personas devotas del monasterio −pues ya se publicava, y su confesor y el compañero se las havían visto junto con las religiosas−, suplicó a Nuestro Señor muy afetuosamente que en ninguna manera permitiese su Divina Magestad que en ella, su yndigna sierva, pareçiesen ni tuviese tal thesoro ni tan ricas joyas, que no hera digna dellas, ni quería tal don, pues no le podía encubrir. E nunca çesó de haçer esta suplicación, derramando muchas lágrimas, hasta que lo alcançó del poderoso Dios. E hablando un día su Divina Magestad por la lengua y boca della, dixo: “Mucho me ruegas e ymportunas que te quite ese don que te he dado. Yo lo haré, y pues no as querido tener mis rosas, yo te daré cosa que más te duela que ellas”. Y assí le fue otorgado del Señor no tener ya más aquellas señales. | ||
Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria. | Por entonçes, muchas personas heran consoladas spiritualmente e libradas de sus tentaçiones por consejo e lumbre de esta bienaventurada. Y aunque fuesen más de çiento las que juntamente se le encomendasen para que rogase a Dios por ellas y que huviese respuesta de su sancto ángel, dotola Dios de tanta graçia que ninguna se le olvidava; que por todas rogava a Dios a su sancto ángel le dixese qué respondería a cada una de aquellas [fol. 39v] personas.Y el sancto ángel la respondía en cada cosa, según el poderoso Dios le dava liçençia para ello. E havidas ella las respuestas, las dava a las personas que se le havían encomendado, sin trocar ninguna cosa de lo que el sancto ángel le deçía, e savía lo que havía de dezir a cada persona. Y esto, de una vez que se elevase, traýa todo esto en su memoria. | ||
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===Notas=== | ===Notas=== | ||
''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco, Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz | ''[1]'' La resunta concluye con remisión a su fuente, probablemente la obra de Fr. Pedro de Salazar, O. F. M., ''Historia Provinciae Castillae Ordinis Minorem'', 1579 (con versión en castellano en 1612 como ''Corónica y Historia de la fundación y progreso de la provincia de Castilla de la Orden del bienaventurado padre San Francisco'', Madrid: Imprenta Real). Dicha obra recoge la biografía de Juana de la Cruz bajo el siguiente epígrafe: «Síguese la vida de la sierva de Dios Juana de la Cruz, que tantas personas tiene aficionadas, religiosas y seglares, que gustan mucho de verla y tenerla consigo, y no es según la impresión de 1610, sino compuesto de nuevo» (véase entrada de Salazar). | ||