Diferencia entre revisiones de «Catalina de los Reyes»

De Catálogo de Santas Vivas
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Finalmente, en su postrera edad, fue priora tres años. Y rigió con grande celo de la santa religión y con [271] deseos ferventísimos de su aumento, y tanto que lo que la santa mujer no podía con sus fuerzas corporales se iba a Dios a pedirle favor y ayuda para hacer lo que ella por sí sola no podía, y suplícábale con muchas lágrimas que quitase a las monjas todas las ocasiones que las apartasen de Él y que la tomase todas para sí, y, no advirtiendo ella que la oían las que estaban cerca de ella, entendían todo lo que trataba con Dios y las razones que le decía por sí misma y por sus hijas. Amaba a sus hijas las religiosas con amor de verdadera y espiritual madre, y tanto que, cuando alguna vez la iban a decir alguna cosa de quejas de alguna monja o de murmuración, metía otra plática espiritual para divertir y estorbar aquella otra cosa. Y, después llamaba en secreto a la monja de quien la daban la queja y la corregía. Guardaba esta sierva de Dios gran prudencia en todas las cosas juntamente con la caridad y amor maternal q[ue] a todas tenía, y, porque no se sintiesen las fal- [272] tas de ellas, muchas noches, después de acostadas todas las de su celda, se levantaba la prudente madre sin que la sintiese nadie y celaba toda la casa. Y hacía esto con este recato por que, si algún defecto hallaba, lo pudiese corregir y enmendar sin que nadie lo entendiese por que las faltas ajenas no se supiesen. Lo cual, con grande amor de sus hijas, procuró siempre guardar su honor y buen nombre, para que toda sintiesen bien de ellas <y ninguna> y de ninguna se dijese mal. Y así hizo esta sierva de Dios su priorato con tanta paz y consolación de todas, como su virtud y santidad lo requería, y con mucho aumento de lo espiritual y temporal porque, en el tiempo que fue priora, ordenándolo el Señor, por los méritos de esta su sierva, tuvo limosnas con que renovó y aderezó la iglesia para servicio de Nuestro Señor.
 
Finalmente, en su postrera edad, fue priora tres años. Y rigió con grande celo de la santa religión y con [271] deseos ferventísimos de su aumento, y tanto que lo que la santa mujer no podía con sus fuerzas corporales se iba a Dios a pedirle favor y ayuda para hacer lo que ella por sí sola no podía, y suplícábale con muchas lágrimas que quitase a las monjas todas las ocasiones que las apartasen de Él y que la tomase todas para sí, y, no advirtiendo ella que la oían las que estaban cerca de ella, entendían todo lo que trataba con Dios y las razones que le decía por sí misma y por sus hijas. Amaba a sus hijas las religiosas con amor de verdadera y espiritual madre, y tanto que, cuando alguna vez la iban a decir alguna cosa de quejas de alguna monja o de murmuración, metía otra plática espiritual para divertir y estorbar aquella otra cosa. Y, después llamaba en secreto a la monja de quien la daban la queja y la corregía. Guardaba esta sierva de Dios gran prudencia en todas las cosas juntamente con la caridad y amor maternal q[ue] a todas tenía, y, porque no se sintiesen las fal- [272] tas de ellas, muchas noches, después de acostadas todas las de su celda, se levantaba la prudente madre sin que la sintiese nadie y celaba toda la casa. Y hacía esto con este recato por que, si algún defecto hallaba, lo pudiese corregir y enmendar sin que nadie lo entendiese por que las faltas ajenas no se supiesen. Lo cual, con grande amor de sus hijas, procuró siempre guardar su honor y buen nombre, para que toda sintiesen bien de ellas <y ninguna> y de ninguna se dijese mal. Y así hizo esta sierva de Dios su priorato con tanta paz y consolación de todas, como su virtud y santidad lo requería, y con mucho aumento de lo espiritual y temporal porque, en el tiempo que fue priora, ordenándolo el Señor, por los méritos de esta su sierva, tuvo limosnas con que renovó y aderezó la iglesia para servicio de Nuestro Señor.
  
Acabado el priorato de esta santa mujer, muy pocos días después, la visitó el Señor piadoso con una enfermedad de la cual murió. Y tuvo grandes tentaciones a la hora de la muerte [273], tanto que veía a el demonio; y le respondió a las tentaciones que la ponía con grande esfuerzo, y daba voces y decía a las religiosas que con ella estaban que echasen agua bendita para que se fuese de allí el demonio. Y todo esto hacía con tanto sentido y tanta advertencia ''[5]'' que la preguntaban las religiosas, cuando estaba sosegada, si se había ido ya el demonio, y ella respondía que sí, pero que estuviesen con cuidado para cuando volviese; y esto acaeció así algunas veces. Y con esto acabó la sierva de Dios la vida muy bien y con mucha fee y fortaleza, dic[i]iendo el credo muchas veces con las religiosas que con ella estaban con tanto espíritu como ella misma. Y, de esta manera, dio el espíritu a su Criador y Redentor en tres las palabras de la confesión de la santa fee ''[6]'', y se fue a gozar de aquel Soberano Señor a quien viven todas las cosas.
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Acabado el priorato de esta santa mujer, muy pocos días después, la visitó el Señor piadoso con una enfermedad de la cual murió. Y tuvo grandes tentaciones a la hora de la muerte [273], tanto que veía a el demonio; y le respondió a las tentaciones que la ponía con grande esfuerzo, y daba voces y decía a las religiosas que con ella estaban que echasen agua bendita para que se fuese de allí el demonio. Y todo esto hacía con tanto sentido y tanta advertencia ''[5]'' que la preguntaban las religiosas, cuando estaba sosegada, si se había ido ya el demonio, y ella respondía que sí, pero que estuviesen con cuidado para cuando volviese; y esto acaeció así algunas veces. Y con esto acabó la sierva de Dios la vida muy bien y con mucha fee y fortaleza, dic< i >iendo el credo muchas veces con las religiosas que con ella estaban con tanto espíritu como ella misma. Y, de esta manera, dio el espíritu a su Criador y Redentor en tres las palabras de la confesión de la santa fee ''[6]'', y se fue a gozar de aquel Soberano Señor a quien viven todas las cosas.
  
 
Murió esta venerable madre Catalina de los Reyes en el mes de enero del año de mil quinientos setenta y dos, día de Santa Inés, y el Viernes Santo adelante de aquel mis- [274] mo año se apareció la santa mujer a la madre Paula de los Ángeles estando sola en su aposento ''[7]''. Y la habló con mucha afabilidad y dulzura, y la dijo cómo se iba a la gloria y que había hallado muy grande misericordia delante de Dios por lo que le había servido en el coro en los años que fue corretora. Y la dio ciertos avisos para otra religiosa que ella había criado y la quería mucho, y que la dijese que no había hablado porque no había tenido corazón para esperarla. Y se apareció la santa mujer en una nube muy clara y resplandeciente. Según de esto y de todo lo dicho dio testimonio la madre Paula de los Ángeles; también afirmó la misma religiosa a quien ella había criado la dicha madre Catalina de los Reyes, la cual también vio a esta santa mujer, aunque no tuvo valor ni ánimo para esperarla, antes dio muchos y grandes gritos diciendo que veía a su madre Catalina de los Reyes; de lo cual fueron testigos todas las religiosas que al presente se hallaron, y oyeron y entendieron todo lo sobredicho acerca de este aparecimiento.  
 
Murió esta venerable madre Catalina de los Reyes en el mes de enero del año de mil quinientos setenta y dos, día de Santa Inés, y el Viernes Santo adelante de aquel mis- [274] mo año se apareció la santa mujer a la madre Paula de los Ángeles estando sola en su aposento ''[7]''. Y la habló con mucha afabilidad y dulzura, y la dijo cómo se iba a la gloria y que había hallado muy grande misericordia delante de Dios por lo que le había servido en el coro en los años que fue corretora. Y la dio ciertos avisos para otra religiosa que ella había criado y la quería mucho, y que la dijese que no había hablado porque no había tenido corazón para esperarla. Y se apareció la santa mujer en una nube muy clara y resplandeciente. Según de esto y de todo lo dicho dio testimonio la madre Paula de los Ángeles; también afirmó la misma religiosa a quien ella había criado la dicha madre Catalina de los Reyes, la cual también vio a esta santa mujer, aunque no tuvo valor ni ánimo para esperarla, antes dio muchos y grandes gritos diciendo que veía a su madre Catalina de los Reyes; de lo cual fueron testigos todas las religiosas que al presente se hallaron, y oyeron y entendieron todo lo sobredicho acerca de este aparecimiento.  

Revisión del 08:34 19 sep 2025

Catalina de los Reyes
Nombre Catalina de los Reyes
Orden Jerónimas
Títulos Corretora, maestra de novicias, vicaria y priora en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo de Toledo
Fecha de nacimiento Finales del siglo XV
Fecha de fallecimiento 1572
Lugar de nacimiento Toledo
Lugar de fallecimiento Toledo

Vida manuscrita

Ed. de Mar Cortés Timoner; fecha de edición: septiembre de 2025.

Fuente

  • Biografía conservada en el libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.T ª. San Pablo, I libro 33. La biografía se atribuye a la monja jerónima Ana de Zúñiga (Toledo c.1540-1594) y fue copiada, en 1881, en el citado libro manuscrito. El texto aparece, según la paginación de la fuente (que contiene varios errores), en las páginas 256-265, que hacemos corresponder (según los criterios de numeración seguidos para la presente edición) con las páginas 266-275.

Contexto material de la Biografía conservada en el anónimo libro custodiado en el Monasterio de Jerónimas de San Pablo con la signatura A.J.T ª. San Pablo, I libro 33.

Criterios de edición

Dada la fecha de la copia manuscrita, la transcripción actualiza el empleo de las letras mayúsculas, la separación o unión de palabras, pero conserva “a el” y “de el” (que alterna con “del”, que transcribimos como “d´él” cuando remite al pronombre personal). Asimismo, siguiendo las normas de la RAE, se moderniza la puntuación y la acentuación. Por último, se ha regularizado la oscilación vocálica o/u (“cumunidad”, “mormuración”), el empleo de “h” y el uso de las siguientes grafías: b/v, c/z, c/d, d/z, g/j, n/m, r/rr, r/l, y/ll.

Vida de Catalina de los Reyes

[266] [1] La madre Catalina de los Reyes fue natural de la ciudad de Toledo y de muy noble linaje. Y vino a esta santa casa de San Pablo a ser religiosa en ella en el tiempo de las santas beatas, e hizo profesión con ellas cuando todas se redirigieron a la orden.

Fue muy gran religiosa desde su mocedad, y muy inclinada a toda virtud y bondad. Y tuvo mucha habilidad para las cosas del coro, y así fue corretora [2] más de treinta años [267]. E[n] [3] el cual oficio sirvió a Nuestro Señor muy mucho, haciendo todas las cosas con grandísimo fervor y devoción. Y en todo tiempo su continuo ejercicio fue enseñar a leer y cantar a todas las que tenían necesidad de aprenderlo, animándolas a ello y persuadiéndolas a que lo supiesen por el gran deseo que tenía de que todas supiesen y entendiesen las cosas que para el servicio de Nuestro Señor era necesario saber. Y cuando enseñaba a las niñas de poca edad a leer en el Salterio, las iba la santa mujer declarando los versos y todas las cosas santas y devotas para que, juntamente con aprender a leer, aprendiesen también, y tomasen gusto y afición a las cosas santas y espirituales, y se encendiesen en el amor de Dios. Y las que veía que con más diligencia y estudio se aficionaban a las cosas virtuosas, aquellas las amaba más. Y a las que veía tibias y negligentes y distraídas, las reprendía y las trataba con aspereza y rigor, y, especialmente, a las que seguían mal el coro; y andaba buscando ocasiones para hacerlas ir a él. Y cu-[268] ando algunas la decían que, por falta de salud, dejaban de ir a el coro, mostraba tenerlas lástima, y se compadecía de ellas, pero, en llegando la hora de ir a el coro, ella buscaba ocasión y modo cómo llevarlas a él; algunas veces con donaires y otras con otros modos de que ella se valía. Y en treinta años que fue corretora nunca esta bienaventurada mujer faltó de ir a los maitines de media noche, que tal hora se decían en aquellos tiempos, sino fuese estando muy enferma.

Fue esta sierva de Dios mujer de grande espíritu<d> y de muy continua oración y contemplación. Y el tiempo que la sobraba de los oficios que hacía en la casa, además de [en] el oficio divino, todo lo gastaba en el coro en continua oración con tal fervor y lágrimas que no se puede contar ni decir tanto cómo era. Y aun el tiempo que estaba en la cama con enfermedad, lo más continuo d´él la oían de estar en oración y contemplación. Y muchas veces se levantaba, cuando podía, de noche a ver el cielo, y se estaba grandes ratos contemplando en la hermosura de él y en la compostura de [268] las estrellas. Y tanto se arrobaba en esta santa contemplación que, algunas veces, decía que veía a Nuestro Señor puesto en la cruz y, otras veces, a Nuestra Señora con el Niño en los brazos; y así, otras cosas semejantes. Y preguntaba ella a las otras religiosas que allí se hallaban, algunas veces, si veían ellas a[l]guna cosa de aquellas que ella la parecía que veía. Y entre las veces, que fueron muchas, [en que] las vio las cosas sobredichas ocurrió, una vez, que se puso esta santa mujer a contemplar en la Santísima Trinidad, a cuya fiesta ella hacía cada un año con muy singular devoción, porque la tenía muy particular a esta santa festividad, y fue tan gran el gusto espiritual que sintió y el sentimiento y demostración que hizo en aquella hora que, sin duda alguna, entendieron las religiosas q[ue] presentes se hallaron habérsela Dios mostrado y hecho grandes favores, regalos y mercedes a esta su sierva.

Hacía también esta madre venerable la fiesta del santísimo y dulcísimo nombre de Jesús, la cual pidió en un capítulo [270] general para hacerla celebrar. Y así se rezó de esta santísima fiesta por la devoción de esta su devota hasta que vino el breviario nuevo. Si se hubiera de decir y contar las muestras del espíritu y devoción de esta santa madre en particular fuera nunca acabar; esto baste en común decir que fue en su tiempo ejemplo de santidad y devoción a todas las que la conocieron y trataron.

Fue maestra de novicias muchos años, el cual oficio hizo con tanto celo y religión que dejó de sí perpetua memoria, porque enseñaba a sus discípulas con grande prudencia y rigor cuando era necesario, y las regalaba y consolaba con grande amor, como si fuera verdadera madre [4] de cada una de las novicias.

Fue vicaria esta bienaventurada mujer muchos años, y en los comienzos fue tanto el cuidado y celo que tenía de las cosas de la comunidad que jamás faltaba ninguna hora del coro si no fuese por grave enfermedad.

Finalmente, en su postrera edad, fue priora tres años. Y rigió con grande celo de la santa religión y con [271] deseos ferventísimos de su aumento, y tanto que lo que la santa mujer no podía con sus fuerzas corporales se iba a Dios a pedirle favor y ayuda para hacer lo que ella por sí sola no podía, y suplícábale con muchas lágrimas que quitase a las monjas todas las ocasiones que las apartasen de Él y que la tomase todas para sí, y, no advirtiendo ella que la oían las que estaban cerca de ella, entendían todo lo que trataba con Dios y las razones que le decía por sí misma y por sus hijas. Amaba a sus hijas las religiosas con amor de verdadera y espiritual madre, y tanto que, cuando alguna vez la iban a decir alguna cosa de quejas de alguna monja o de murmuración, metía otra plática espiritual para divertir y estorbar aquella otra cosa. Y, después llamaba en secreto a la monja de quien la daban la queja y la corregía. Guardaba esta sierva de Dios gran prudencia en todas las cosas juntamente con la caridad y amor maternal q[ue] a todas tenía, y, porque no se sintiesen las fal- [272] tas de ellas, muchas noches, después de acostadas todas las de su celda, se levantaba la prudente madre sin que la sintiese nadie y celaba toda la casa. Y hacía esto con este recato por que, si algún defecto hallaba, lo pudiese corregir y enmendar sin que nadie lo entendiese por que las faltas ajenas no se supiesen. Lo cual, con grande amor de sus hijas, procuró siempre guardar su honor y buen nombre, para que toda sintiesen bien de ellas <y ninguna> y de ninguna se dijese mal. Y así hizo esta sierva de Dios su priorato con tanta paz y consolación de todas, como su virtud y santidad lo requería, y con mucho aumento de lo espiritual y temporal porque, en el tiempo que fue priora, ordenándolo el Señor, por los méritos de esta su sierva, tuvo limosnas con que renovó y aderezó la iglesia para servicio de Nuestro Señor.

Acabado el priorato de esta santa mujer, muy pocos días después, la visitó el Señor piadoso con una enfermedad de la cual murió. Y tuvo grandes tentaciones a la hora de la muerte [273], tanto que veía a el demonio; y le respondió a las tentaciones que la ponía con grande esfuerzo, y daba voces y decía a las religiosas que con ella estaban que echasen agua bendita para que se fuese de allí el demonio. Y todo esto hacía con tanto sentido y tanta advertencia [5] que la preguntaban las religiosas, cuando estaba sosegada, si se había ido ya el demonio, y ella respondía que sí, pero que estuviesen con cuidado para cuando volviese; y esto acaeció así algunas veces. Y con esto acabó la sierva de Dios la vida muy bien y con mucha fee y fortaleza, dic< i >iendo el credo muchas veces con las religiosas que con ella estaban con tanto espíritu como ella misma. Y, de esta manera, dio el espíritu a su Criador y Redentor en tres las palabras de la confesión de la santa fee [6], y se fue a gozar de aquel Soberano Señor a quien viven todas las cosas.

Murió esta venerable madre Catalina de los Reyes en el mes de enero del año de mil quinientos setenta y dos, día de Santa Inés, y el Viernes Santo adelante de aquel mis- [274] mo año se apareció la santa mujer a la madre Paula de los Ángeles estando sola en su aposento [7]. Y la habló con mucha afabilidad y dulzura, y la dijo cómo se iba a la gloria y que había hallado muy grande misericordia delante de Dios por lo que le había servido en el coro en los años que fue corretora. Y la dio ciertos avisos para otra religiosa que ella había criado y la quería mucho, y que la dijese que no había hablado porque no había tenido corazón para esperarla. Y se apareció la santa mujer en una nube muy clara y resplandeciente. Según de esto y de todo lo dicho dio testimonio la madre Paula de los Ángeles; también afirmó la misma religiosa a quien ella había criado la dicha madre Catalina de los Reyes, la cual también vio a esta santa mujer, aunque no tuvo valor ni ánimo para esperarla, antes dio muchos y grandes gritos diciendo que veía a su madre Catalina de los Reyes; de lo cual fueron testigos todas las religiosas que al presente se hallaron, y oyeron y entendieron todo lo sobredicho acerca de este aparecimiento.

Y la madre Paula de los Ángeles dijo que había preguntado a la santa [275] mujer Catalina de los Reyes, cuando se le apareció, si había tenido alguna cosa que pagar por los años que había sido priora. Y la respondió que, por esta parte, no había tenido ninguna deuda, porque en la enfermedad que tuvo antes de su muerte se le habían descontado los descuidos que había tenido y las faltas que había hecho; y así, por esta razón, no fue detenida nada en el Purgatorio, pero por otras culpas había estado en el Purgatorio treinta días ha[s]ta que fue cumplida la Voluntad Divina para que subiese a el Cielo a gozarle con todos los bienaventurados que allá están.

Fue esta santa mujer muy amada de todas sus hijas en vida, y lo mismo fue en la muerte porque de todas fue muy ayudada con misas y oraciones, como lo dijo ella a la madre Paula rogándola diese las gracias a todas por lo mucho que la habían ayudado y, en particular, a una religiosa que había hecho más que todas por ella, y es de creer que lo paga siempre esta santa mujer adonde ahora está suplicando a Nuestro Señor por todas para que, algún día, vayan a gozar de lo que ella goza por siempre.

Laus Deus, amen.

Notas

[1] El epígrafe presenta el texto de la siguiente manera: “Historia de la muy religiosa y sierva de Dios Catalina de los Reyes”.

[2] “En algunas comunidades, religiosa que dirige el coro”. Véase: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.8 en línea]. <https://dle.rae.es/corretora> [septiembre 2025].

[3] Está escrito “el” pero corregimos por “en” considerando el sentido de la oración.

[4] Se ha corregido la errata en “madra”.

[5] En el libro está escrito “acbentencia”, que se ha transcrito por “advertencia” teniendo en cuenta el sentido de la oración.

[6] Conservamos la escritura de la palabra. Véase: REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Banco de datos (CORDE) [en línea]. Corpus diacrónico del español. <https://corpus.rae.es/cgi-bin/crpsrvEx.dll> [septiembre 2025]

[7] El libro A.J.T ª. San Pablo, I libro 33 también incluye la vida de esta religiosa, que se halla editada en el catálogo: https://catalogodesantasvivas.visionarias.es/index.php/Paula_de_los_%C3%81ngeles

Vida impresa

Ed. de Lara Marchante Fuente; fecha de edición: mayo de 2018; fecha de modificación: mayo de 2019.

Fuente

  • Sigüenza, Fray José de, 1605. “Libro Segundo de la Tercera parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo”, Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III, Madrid: Imprenta Real, 505, 512-514.

Contexto material del impreso Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, dirigida al Rey, Nuestro Señor, Don Felipe III.

Criterios de edición

Para facilitar su lectura, esta edición moderniza el texto en aquellos puntos que no suponen una pérdida de los valores fonéticos, léxicos y sintácticos del periodo y conserva la morfología de las palabras con interés morfológico o fonológico o por tratarse de cultismos (como agora, ansí, monesterio, recebir, redemptor u obscuro).

Se adaptan, por tanto, las grafías a las normas de ortografía vigentes (sibilantes, b/u/v, j/g, chr/cr, qu/cu, empleo de h, etc.) y a la acentuación y puntuación de las normas gramaticales actuales. Igualmente, el uso de las mayúsculas y minúsculas respeta los criterios presentes del español, si bien se mantienen las mayúsculas como signos de respeto o de diferenciación con la palabra escrita en minúscula (Cielo, Esposo, Señor, Profeta, Reina del Cielo).

También se introducen las comillas para delimitar las intervenciones dialógicas de los personajes y se subsanan las erratas evidentes. En este sentido, conviene apuntar que, dentro de esta edición y en base a sus particularidades, se han incluido notas al pie en las que se especifican y desarrollan algunas ideas o palabras del texto impreso original.

Vida de Catalina de los Reyes

Capítulo LI [1]

[505] De otras muchas siervas de Dios que han florecido con gran ejemplo en el mismo Convento de San Pablo

[512] […] Catalina de los Reyes tiene cosas particulares en su vida y en el discurso de su religión que no podemos echarles tierra ni sepultarlas en olvido. Fue primero de las beatas, y después dio con las demás la obediencia a la orden, y en uno y en otro estado procedió valerosamente; en lo que principalmente se ocupó fue en loores divinos: treinta años fue correctora del coro, grande habilidad para esto, y así con gran voluntad y amor se ejercitaba en enseñar a leer y contentar a las que tenían falta desto, rogándoles con mucho afeto lo aprendiesen con gana, pues el principal ejercicio de las esposas de Cristo habían de ser las continuas alabanzas del Esposo. Sacó muchas y muy aventajadas discípulas, no solo en [513] esto, más aun en el espíritu, enseñándolas a cantar dentro del alma y en el corazón, como lo enseñó el apóstol, y así les declaraba a las novicias y a otras muchas cosas de los salmos según Dios le administraba, que a quien de veras y con fe le pide esta ciencia jamás la niega, ni falta un Filipo que enseña lo que tenemos gana de entender. Afirman della que jamás estaba fuera o ausente de la presencia divina, puesta en oración y consideración de los misterios de nuestra salud: que le hizo Nuestro Señor muchos y muy extraordinarios favores, visiones y revelaciones grandes. Mostrósele una vez puesto en la cruz, cual ella le traía siempre en su pensamiento, haciendo aquella reconciliación de unas enemistades tan sangrientas entre Dios y los hombres; otra vez vio a la santísima Virgen, con el hijo tierno en sus brazos, y que entrambos se le reían y se le mostraban amorosos, y desta manera recibió otros regalos.

Preguntaba algunas veces a las hermanas que estaban con ella si veían algo, pareciéndole a ella tan claro lo que se le mostraba en aquellas visiones imaginarias que entendía lo vían todas. Estaba una vez pensando profundamente en el misterio de Dios trino y uno, era en la misma fiesta de que era ella muy devota. Mostrole Dios algún relieve o semejanza de su gloria; como reverberó aquella luz en su alma resultó también alguna brizna o centella en el rostro, y puso en él tan extraordinaria mudanza y diferencia que cuantas la miraron conocieron claro que el Rey soberano hacía en ella algún sobrenatural efecto. Jamás pudieron sacarle nada, y aquel secreto, como discreta, guardole para sí, y así hacía en otros muchos casos semejantes, que es liviandad derramar fuera lo que no se dio sino para que luciese dentro. Fue maestra de novicias, después vicaria, y en los postreros tercios de la vida la hicieron priora, todo muy contra su voluntad mas todo tan bien hecho, que quedaron sus cosas como por regla para las que después vinieron. Como le faltaban ya las fuerzas cuando era priora, y no podía acudir a las cosas con el fervor y puntualidad que quisiera, íbase a quejar a Nuestro Señor del agravio que padecía y de las faltas que hacía a su parecer en el oficio. Hablaba con mucha sinceridad y llaneza con su Señor y sin advertir si la oían o no, y así se la ponían a escuchar algunas, porque se edificaban mucho de verla puesta en estas razones con Dios, unas veces excusándose, otras acusándose y otras rogando supliese las faltas que hacía, pues ni había entrado en aquello por su voluntad, ni tenía habilidad ni fuerzas para más.

Cuando llegó al paso postrero, tuvo muy recios debates con el Enemigo; respondíase a veces, él argüía, ella sustentaba (peligrosa conferencia con tan agudo dialéctico a quien no tuviera tan buenos descargos y soluciones); no mostraba tenerle ningún miedo, antes le reprehendía y baldonaba. Decíales a sus hijas que echasen agua bendita, y señalaba el lugar hacia dónde; preguntábanle si se iba o estaba, respondía con extraña seguridad “sí” o “no” cómo era la apariencia. Al punto de expirar dijo el Credo con tanta entereza y vivo sentimiento como cuando estaba sana, y en acabándolo se fue a ver aquello que con tan viva fe había creído, el día de la Santa Virgen Inés, para decir con ella: Ecce quod desideraui iam video, &c.

Fue notable el aparecimiento que la santa hizo de allí a algunos días a una monja que ella amaba mucho por ser gran religiosa: llamábase Paula de los Ángeles. Estando esta religiosa una noche en su celda se representó delante en una nube muy clara; era el Viernes Santo de aquel año mismo, [514] hablole con mucha familiaridad y gracia, díjole muchas cosas: lo primero, que ella iba a la gloria y que Nuestro Señor había usado con ella de gran misericordia por lo que le había servido en el coro los años que fue corretora. Preguntole Paula si había estado en purgatorio por el tiempo que había sido priora, respondió que no se le había hecho cargo desto porque en la enfermedad que tuvo se descontaron los defectos que había cometido, mas que por otras culpas de que no había satisfecho había estado treinta días en purgatorio; diole luego cierto aviso para una monja que ella había criado y querido mucho, encargándole que tuviese cuenta con lo que se le avisaba. Díjole también cómo agradecía mucho el gran cuidado que las religiosas habían tenido de encomendarla a Dios, y hacer por ella muchos sufragios, y que ella en la gloria rogaría por ellas a Nuestro Señor. Tan despacio y con tanta llaneza permitió el Señor que revelase esta santa su gloria. Casos raros, y que no se han de creer livianamente, sino cuando los testigos son de mucha aprobación de vida, y que no cojean con las cosas reveladas en lo que es conforme a nuestra profesión cristiana.

Notas

[1] Figura en el texto como Capítulo LI pero debería ser el LII, debido al error señalado en la edición de la vida impresa de María de Ajofrín por Sigüenza, pues repite el número de capítulo XLIV.