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→Capítulo VII
===Capítulo VII===
'''Cómo el niño Jesús se desposó con santa Juana, y de la devoción q''''''ue que tuvo al S''''''antísimo Santísimo Sacramento'''
Singular atención pide este capítulo, y yo se la pido a mi Dios, y su gracia para acertar a escribir, para honra y gloria suya, dos señaladísimas mercedes y muy regalados favores, que con grande muestra de amor concedió a esta regaladísima y santa virgen, porque cuando quiso el Señor darle más ricas prendas de lo mucho que le amaba, determinó Su Divina Majestad visitarla, no por ministerio de los ángeles —como otras ve- [24r] ces solía—, sino por su misma persona, y desposarse con ella en los brazos de su Santísima Madre —tálamo sagrado y divino—, donde se celebraron estas espirituales bodas, a las cuales asistieron muchos ángeles y vírgines, que venían acompañando a su Rey y a su Señor, en quien puso santa Juana los ojos, y acordándose de la palabra que le había dado de desposarse con ella, con mucha humildad y amor rogó a la Reina del Cielo, alcanzase de Su hijo cumpliese lo prometido ''[159]''. Rogaba también a las santas vírgines y ángeles le ayudasen en su pretensión y demanda, y todos arrodillados en la presencia de Dios, le suplicaron concediese lo que su humilde sierva pedía. Y ella con mucha fe y humildad no cesaba en su oración hasta que el clementísimo Señor, movido de los ruegos de su Santísima Madre y de los ángeles y vírgines, puso en santa Juana los ojos de su misericordia, y, con rostro muy alegre y amoroso, dijo: “Pláceme, hija, de desposarme contigo”. Y estendiendo su poderosa mano se la dio, en señal de desposorio, con muchas muestras de amor, y con el que tenía santa Juana a su amado y dulce esposo suplicó a la [24v] Reina del Cielo, que pues Su santísimo Hijo se había ya desposado con ella, se le diese para gozarse con él. Hizolo así la soberana Señora, y ella misma puso el Niño Jesús a santa Juana en los brazos, y le dijo: “Bien será, Señor, que en señal de desposorio y del amor que Vuestra Majestad tiene a su esposa, le dé alguna joya de estima”. Y quitándose de su dedo una muy rica sortija, se la dio a Su dulcísimo hijo, y él mismo, tomándola con su poderosa mano, se la puso a santa Juana en el dedo, en presencia de su Santísima Madre, que fue la madrina, y de muchos ángeles y vírgines, testigos muy verdaderos y ciertos deste espiritual y soberano desposorio. (''Este desposorio espiritual fue en visión imaginaria, como el que se lee de santa Catalina de Sena y de Alejandría'''' [160]'') ''[161] ''[162]''. ''
Otra vez estando santa Juana en sus sentidos, no arrobada sino velando con las otras monjas en la casa de labor, con el aguja en la mano y los ojos en la almohadilla, puestos los del alma en su santísimo Esposo, se la apareció la Madre de Dios con su Hijo en los brazos ''[163]'', y, llena de amor y confianza, después de haber adorado a Hijo y Madre, la rogó con mucha humildad le diese a su dulce Esposo, para tenerle consigo [25r] y regalarse con él. Y la piadosa Señora, inclinada a la petición de su sierva, con rostro alegre y gozoso dijo: “Toma, hija mía, el precioso fruto de mis entrañas, que esos son mis regalos: dársele a quien también como tú le merece”. Y, estendiendo santa Juana su escapulario, recibió en él aquel soberano tesoro y precio inestimable del mundo, el cual otras muchas veces tuvo también en sus brazos ''[164]''.
La devoción que tuvo santa Juana al Santísimo Sacramento fue superior a todo lo que se puede decir, porque cuanto hacía antes de comulgar guiaba en orden a disponerse para la sagrada comunión, y lo que después della se seguía era todo hacimiento de gracias. Y tal gusto y consuelo recebía en este celestial manjar que mientras más gustaba de él más crecía la hambre que de él tenía. Y así procuraba llegarse a este divino sacramento las más veces que podía, y cuando no le era concedido comulgaba espiritualmente, tan a menudo y sin tasa que su vida era una comunión espiritual contínua y muy prolongada ''[165]''. (''No es esta la gracia que se da ''''“''''ex “ex opere ''''operato''''”'' ''operato” [166]'') ''[167]''. Tanto que estando una vez arrobada en aquellos maravillosos raptos [25v] que adelante veremos, dijo el Señor, hablando en ella, que cada hora y cada momento, y cuantas veces respiraba, comulgaba espiritualmente y recibía en su alma la mesma consolación y gracia, y aquellos regalos del Cielo que cuando recebía sacramentalmente la Hostia consagrada. (''Comunión espiritual es cuando una persona no pudiendo ''''recebir'''' el cuerpo de Cristo Nuestro Señor sacramentado le recibe en su alma interior y espiritualmente con f''''e fe y caridad, como lo ''''difine'''' el c''''oncilio concilio tridentino'''' [168]'''', y a los que así comulgan espiritualmente se les ''''comunica el efeto y virtud del s''''acramento sacramento conforme a su devoción, y ''''desta'''' manera puede un alma comulgar espiritualmente muchas veces al día'') ''[169]''. Y, reconociendo la santa virgen este soberano beneficio, solía decir muchas veces: “¡Oh, Señor, y qué buena manera de comulgar es esta, sin ser vista, ni registrada, y sin dar pesadumbre al padre espiritual, ni cuenta dello a ninguna criatura humana, sino a vos, Criador y Señor mío, que me hacéis tanto regalo y sustentáis con los dulces y sabrosos bocados de vuestro santísimo cuerpo a mí, pobre pecadora, indigna deste altísimo don, la más vil y desechada del mundo, y que me hagáis tan singular favor que cada hora y momento reciba mi alma el gusto, la suavidad y regalo que cuando comulgo sacramentalmente, y que siempre esté endulzada de vos, mi dulce Jesús, Esposo y Señor mío, si yo por la amargura de mis pecados no me hago indigna de vos, dulcedumbre divina!¡Oh, maravilloso manjar!¡Oh, sacramento de ma- [26r] ravillosa virtud!¡Oh, pan de ángeles!: ¿qué convite es este? ¿Qué piedad es esta, mi dulce Jesús? ¿Y qué misericordia y liberalidad la que hace vuestra Divina Majestad con una indigna y miserable esclava?”. Esto decía santa Juana, agradeciendo a Dios el comulgarla espiritualmente tan a menudo. Y acerca del cuerpo de Cristo sacramentado, la sucedieron cosas tan maravillosas como lo declaran las siguientes:
Estándose una vez confesando la santa virgen mientras se decía la misa, por ser ya hora de alzar ''[170]'' la mandó el confesor que se fuese a ver a Dios, y llegando a un portal cerca de la iglesia antes de entrar en el coro della y oyendo tañer a alzar, se hincó de rodillas para adorar desde allí con los ojos del alma al que no podía ver con los del cuerpo. Y estando así arrodillada, se abrió a la larga casi toda la pared del portal —que dividía el convento de la iglesia— y vio el santísimo sacramento en el altar, y al sacerdote que decía la misa, y toda la iglesia y las personas que estaban en ella ''[171'''']''. Y, habiendo adorado la sagrada Hostia, y cáliz, se tornó a juntar la pared, quedándose arrodillada santa Juana en aquel mismo lugar. Y cuando el sacerdote alzó segunda vez la Hostia [26v] se volvió a abrir la pared. Y para perpetua memoria deste milagro, quiso Nuestro Señor que la última piedra en que se remató la juntura de la pared quedase más blanca que las otras y hendida en tres partes, a manera de cruz, como se muestra hoy, y desde aquel tiempo se tuvo en gran veneración. Y cuando adelante se deshizo aquella pared para hacer la de la iglesia en la forma que ahora está, la mayor parte desta piedra, como reliquia preciosa, se puso en el claustro alto, como ahora está, cubierta con una rejita de hierro dorada, donde las monjas van a rezar y a tocar sus rosarios.
Semejante a esto sucedió a la humilde sierva de Dios haciendo la cocina, que oyendo tañer a alzar, entre los tizones y ollas donde estaba, se hincaba de rodillas y adoraba y vía el Santísimo Sacramento, con haber de por medio cuatro o cinco paredes, y otros tantos aposentos ''[172]''. Y una vez la habló Cristo Nuestro Señor en la Hostia consagrada, prometiéndole la salvación de una monja de su convento que estaba en la agonía de la muerte, por quien la santa rogaba ''[173]''.
Un Sábado Santo, estando esta santa virgen en su celda, oyó tañer a la gloria, y no pu- [27r] diendo ir a la misa, por estar enferma, arrodillándose en la cama para dar gracias a Dios, vio desde allí y oyó todo lo que el preste decía en el altar y lo que las monjas decían en el coro ''[174]'', y, lo que más es, vio a Cristo resucitado, resplandeciente y glorioso, que salía del sepulcro, con muchos ángeles que le daban música y cantaban muchos motetes y letras ''[175]''. Y otras veces sucedió a esta virgen tan regalada de Dios, hallándose lejos del coro, oír el oficio divino que rezaban las monjas.
Una religiosa, buscando otra cosa en la celda desta santa virgen, halló dentro de un cofrecillo la santa Hostia consagrada —permitiéndolo Dios, que quiso por este medio proclamar tan soberano milagro—. Y a este mismo punto volvió la santa del rapto en que estaba, y con harta agonía fue derecha al cofrecillo en que andaba la religiosa, y la dijo: “Hermana, no toque a esa santa reliquia, que es el Santísimo Sacramento, que trujeron los ángeles”'' [176]''. Y la religiosa, atónita de oírlo, rogó a santa Juana le declarase cómo había sido, y dijo: “Un hombre —que por sus pecados se fue al Infierno— murió con el santísimo Sacramento en la boca, de la cual se le sacaron los ángeles con grandísima reverencia y le trujeron aquí, [27v] mandándome que pues yo lo había visto comulgase con la santa Hostia y la recibiese por una de las ánimas de Purgatorio. Y estando arrobada me dijeron que cierta persona llegaba al cofre donde estaba la santa Hostia, y así quiero luego hacer la obediencia y lo que los ángeles me mandan, y recebir a mi Señor”. Y, hincándose de rodillas con muchas lágrimas y devoción, recibió el santísimo Sacramento, administrándosele su ángel.
===Capítulo VIII===