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Juana de la Cruz

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Capítulo XIII
===Capítulo XIII===
'''Cómo el Espíritu Santo habló trece años por la boca de santa Juana, y del don de lenguas que la dio'''
Uno de los mayores trabajos que tuvo santa Juana en esta vida fue que muchas personas, deseando saber las mercedes que Dios le hacía, y secretos que en aquellos éxtasis y raptos la revelaba, se lo preguntaban muchas veces, y como la santa virgen era tan humilde, sentía esto de manera que decía quisiera más decir sus faltas, sus pecados y miserias que las misericordias y mercedes que Dios le hacía. Y si dijo algunas, y muchas de las que en esta historia van escritas, fue por mandárselo Dios, unas veces por sí y otras por el ángel de su guarda ''[303]''. Y como la santa virgen por esta ocasión estuviese muy desconsolada, queriendo el Señor librarla destas fatigas —y consolar también a sus siervos, que deseaban saber estas cosas, para cuyo bien obraba Su Majestad muchas dellas—, tomó por medio enmudecerla y hablar por la boca de su santa Esposa, y así le dijo el Señor: “Hija, callarás tú ahora” ''[304]''. Y desde [56v] este día quedó muda, y lo estuvo algunos meses, hasta que el mismo Señor se le apareció en otro rapto, y tocándola en la boca con su santísima mano, la dejó sana y dijo: “De aquí adelante hablaré yo por tu boca y callarás tú, aunque también quiero que digas algunas cosas de las que te mostrare” ''[305]''. Y dicho esto desapareció el Señor y comenzó a hablar por la boca de santa Juana el Espíritu Santo, visible y públicamente, profetizando muchas cosas. Y decía sentencias de la Sagrada Escritura y cosas de gran dotrina, de que todos se admiraban. Durole esta singularísima gracia trece años, hablando el Espíritu Santo en ella, unas veces de ocho en ocho días, y de quince en quince, otras veces de cuatro en cuatro, otras a tercer día, otras un día tras otro, y algunas temporadas dos veces al día, más o menos, como el Señor era servido ''[306]''. Y divulgándose por el reino esta grande maravilla, la venían a ver muchas gentes, aunque no todos con igual intención, porque algunos la traían muy dañada, y para confusión destos y de otros incrédulos, estando santa Juana arrobada y sin género de sentido, hablando el Espíritu Santo en ella, dijo que los campos y [57r] aires, una legua en contorno del monasterio, estaban llenos de ángeles y de ánimas de Purgatorio que la venían a oír para dar testimonio en el juicio de Dios de su dotrina, y de los que por su malicia oyéndola, no se aprovechasen della ''[307]''. Otras veces, reprehendiendo a estos mesmos, decía: “¿Quién eres tú, que quieres limitar el poder de Dios? ¿No tiene ahora el mesmo que tuvo siempre? ¿No puede poner su gracia en quien quiere, hallando vaso en que quepa?”. Y a este propósito sucedió que un inquisidor muy celoso de las cosas de la fe, no pudiendo sufrir se dijese que el Espíritu Santo hablaba por boca desta santa mujer, vino a oírla, con ánimo de examinar sus palabras. Y fueron tales las que el Espíritu Santo habló en ella aquel día que a la mitad del sermón se hincó de rodillas el inquisidor, y estuvo así derramando lágrimas hasta que la santa acabó su sermón, y vuelta en sus sentidos, rogó al abadesa se la dejase ver a la grada, y dándose recios golpes en los pechos, decía: “Venía yo a examinar las palabras de Dios, pero ya conozco ser suyas todas las que a esta santa mujer he oído” ''[308]''. Y después de haberla hablado a solas, y encomendado en sus oraciones, se volvió, no poco [57v] edificado de la humildad que conoció en la santa, y muy aficionado a su dotrina. Y para mayor testimonio de que este negocio era del Cielo, no pocas veces la oyeron hablar en diversas lenguas, de que la santa nunca tuvo noticia, especialmente en la latina, arábiga y vizcaína ''[309]''.

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